Serían las siete de la tarde de una tarde cualquiera de verano. Estaba esperando el autobús cuando llegó una chica. Miró los horarios y se sentó, y después de eso nos pusimos a esperar sentados.
Cuando llegó el mío me monté y me senté al lado de la ventana donde daba el sol, y curiosamente también a la parada de autobús.
Entonces ella me miró, y yo la miré.
Cuando me quise dar cuenta uno de los dos bajó la mirada, o el autobús se movió hacia adelante, lo que ocurriera primero.
Y sonreí.
Me di cuenta que había sido una mirada sin miedo, una mirada sencilla, cualquiera entre dos personas cualquiera. Una mirada mágica sin edulcorar que dos personas compartieron, sin más, y pensé que ojalá tuviera muchas más miradas de esas. Una mirada humana, sin trascendencia, sin más principio ni fin que un vistazo casual.
Pero luego pensé en la situación: un chico subido a un autobús y una chica sentada en la parada. Una persona estática y otra dinámica, como en el ejercicio cualquiera de física, o la trágica historia de amor imposible de un libro cualquiera.
Sería cualquiera, pero entre ella y yo había algo: un cristal, un cristal y la imposibilidad de volver a vernos.
Quizá por eso la mirada fuera tan pura, tan sencilla, tan cualquiera, sin tonos sepia de fotos antiguas, una mirada que pasó desapercibida entre los demás.
Entonces me di cuenta de que si esa mirada hubiera sido fuera de un autobús quizá no hubiera sido así, como si el cristal y la imposibilidad de dar marcha atrás fueran determinantes.
Y lo sería.
Por eso me di cuenta de que qué bello sería vivir con la posibilidad de volver a otra persona y sin haber ningún cristal de por medio. Sin sentir miedo, viviendo la alegría y la pureza que sólo una mirada entre dos personas comprende.
sábado, 20 de julio de 2013
jueves, 18 de julio de 2013
Muere lentamente…
Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca.
No arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente
quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente
quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente
quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en si mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente,
quien pasa los días quejándose de su mala suerte
o de la lluvia incesante.
Muere lentamente,
quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
no preguntando de un asunto que desconoce
o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos
una espléndida felicidad.
Martha Medeiros
quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca.
No arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente
quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente
quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente
quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en si mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente,
quien pasa los días quejándose de su mala suerte
o de la lluvia incesante.
Muere lentamente,
quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
no preguntando de un asunto que desconoce
o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos
una espléndida felicidad.
Martha Medeiros
sábado, 13 de julio de 2013
Sobre la revolución y cambiar el mundo
Cuando un joven habla de revolución, parece que está hablando de una idea inmadura, de algo pasajero, como si fuera algo que no dijese intencionadamente, sino que lo dijese porque es lo típico de la edad. Y por otra parte, si un anciano habla de revolución parecerá otro loco más, y cuidado, que si dice que le hagamos caso nos parece que está todavía más insano.
Parece que cuando uno se hace mayor, pierde la esperanza por cambiar el mundo, como si se rindiera ante la vida, o peor aún, como si perdiera ese afán revolucionario que tenía de joven por una maldición de la vida.
Pero un momento, los jóvenes tenemos energía. Somos los nuevos, los que tenemos fuerza y espíritu crítico para impulsar el mundo hacia adelante. Aún la vida no se ha encargado de ahogar nuestros sueños, todavía no nos vemos en la obligación de callarnos porque no nos queda más remedio.
Espero que a estas alturas de la entrada no haya nadie que piense "vaya, otro niñato iluso", aunque qué coño, motivos le estoy dando.
Vivimos tiempos oscuros, ahora estamos empezando a reventar la burbuja del país de la gominola en el que vivíamos antes. Muchos dirán que eran tiempos mejores, a lo que vendrá Platón desde dondequiera que esté y dirá que salgamos de la caverna.
Pues bien, estando como están las cosas he llegado a la conclusión de que hay que cambiar el mundo. ¡Cambiar el mundo, vaya novedad!
Pero, ¿cambiar el mundo cómo?, y yo, después de mucho pensarlo creo que tengo una posible respuesta, pero prefiero que sea otra persona muy conocida quien la diga:
¿Quién no vivido una situación en la que ha puesto a parir a otra persona? Por ejemplo, cuando vamos por la calle y vemos a alguien tirar un papel, o cuando vemos a dos personas discutiendo, o sencillamente cuando vemos en los demás algo que no nos gusta. Pero luego, si lo pensamos dos veces, seguro que nos damos cuenta de que nosotros también hemos hecho algo del estilo, algo que si la otra persona hubiera visto en nosotros nos pudiera haber reprochado.
Ponerse en el lugar del otro y no hacer lo que a uno mismo no le gustaría que le hicieran. Pero esto es sólo la punta del iceberg, queda mucho que decir.
Bien, ahora que ya he argumentado que tengo un mínimo de fundamento sobre mis intenciones revolucionarias, me toca hacer una declaración de intenciones.
A día de hoy, me siento portador de la fuerza de mi juventud, un don que no creo que dure mucho. Y por eso, quiero (y debo) cambiar el mundo. O mejor dicho: quiero aportar mi granito de arena para mejorar el mundo en el que vivo, quiero mejorar el mundo por encima de mis posibilidades. ;)
Un mundo mejor tiene que ser posible, y aunque no exista, me veo obligado a luchar por él. El tiempo dirá si la lucha ha merecido la pena, a día de hoy, ya lo ha hecho, con grandes hazañas en la historia de grandes personas.
Sería absurdo pensar que una única persona sea capaz de revolucionar el mundo, y por eso, no quiero pretender ser un predicador o un evangelista que pretenda traer del futuro o de un universo paralelo la solución a nuestro mundo.
Mi compromiso es sencillo: mejorar el mundo, sea como sea. Y señores, no se piensen que va a ser fácil quitarme esa idea.
Mi nombre es Chechu y por fin he encontrado mi razón de ser.
Parece que cuando uno se hace mayor, pierde la esperanza por cambiar el mundo, como si se rindiera ante la vida, o peor aún, como si perdiera ese afán revolucionario que tenía de joven por una maldición de la vida.
Pero un momento, los jóvenes tenemos energía. Somos los nuevos, los que tenemos fuerza y espíritu crítico para impulsar el mundo hacia adelante. Aún la vida no se ha encargado de ahogar nuestros sueños, todavía no nos vemos en la obligación de callarnos porque no nos queda más remedio.
Espero que a estas alturas de la entrada no haya nadie que piense "vaya, otro niñato iluso", aunque qué coño, motivos le estoy dando.
Vivimos tiempos oscuros, ahora estamos empezando a reventar la burbuja del país de la gominola en el que vivíamos antes. Muchos dirán que eran tiempos mejores, a lo que vendrá Platón desde dondequiera que esté y dirá que salgamos de la caverna.
Pues bien, estando como están las cosas he llegado a la conclusión de que hay que cambiar el mundo. ¡Cambiar el mundo, vaya novedad!
Pero, ¿cambiar el mundo cómo?, y yo, después de mucho pensarlo creo que tengo una posible respuesta, pero prefiero que sea otra persona muy conocida quien la diga:
"Se el cambio que quieras ver en el mundo" - GandhiCreo que no hay otra posible salida. La empatía es la clave, que por cierto, gracias a Fernando Savater por la idea.
¿Quién no vivido una situación en la que ha puesto a parir a otra persona? Por ejemplo, cuando vamos por la calle y vemos a alguien tirar un papel, o cuando vemos a dos personas discutiendo, o sencillamente cuando vemos en los demás algo que no nos gusta. Pero luego, si lo pensamos dos veces, seguro que nos damos cuenta de que nosotros también hemos hecho algo del estilo, algo que si la otra persona hubiera visto en nosotros nos pudiera haber reprochado.
Ponerse en el lugar del otro y no hacer lo que a uno mismo no le gustaría que le hicieran. Pero esto es sólo la punta del iceberg, queda mucho que decir.
Bien, ahora que ya he argumentado que tengo un mínimo de fundamento sobre mis intenciones revolucionarias, me toca hacer una declaración de intenciones.
A día de hoy, me siento portador de la fuerza de mi juventud, un don que no creo que dure mucho. Y por eso, quiero (y debo) cambiar el mundo. O mejor dicho: quiero aportar mi granito de arena para mejorar el mundo en el que vivo, quiero mejorar el mundo por encima de mis posibilidades. ;)
Un mundo mejor tiene que ser posible, y aunque no exista, me veo obligado a luchar por él. El tiempo dirá si la lucha ha merecido la pena, a día de hoy, ya lo ha hecho, con grandes hazañas en la historia de grandes personas.
Sería absurdo pensar que una única persona sea capaz de revolucionar el mundo, y por eso, no quiero pretender ser un predicador o un evangelista que pretenda traer del futuro o de un universo paralelo la solución a nuestro mundo.
Mi compromiso es sencillo: mejorar el mundo, sea como sea. Y señores, no se piensen que va a ser fácil quitarme esa idea.
Mi nombre es Chechu y por fin he encontrado mi razón de ser.
Un cambio de rumbo
Desde los principios de este blog me he dedicado a escribir "poéticamente", he intentado expresar mis sentimientos y liberarme de ellos, en parte, intentando escribir de una forma un poco encriptada para echarme a mí mismo una mano en los tiempos difíciles.
Pero desde hace tiempo he estado pensando que quizá era hora de torcer un poco el rumbo. Cambiar el fin del blog.
A mí me encanta escribir, y no en especial poéticamente, sino críticamente. De hecho, si no fuera porque no me gusta pa ganarme el pan y porque quizá no ganaría un duro estaría encantado de ser periodista.
Hoy, después de indignarme viendo esto he pensado que quizá fuera hora de añadir esto a mi blog personal. Hacer algo que me gusta, y ojalá, mi mayor meta en este blog sería de una forma o de otra poner mi granito de arena en mejorar el mundo.
Así que nada, bienvenidos a una nueva era en el blog.
jueves, 11 de julio de 2013
Si mis manos pudieran deshojar
Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.
Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.
¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!!
Federico García Lorca
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.
Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.
¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!!
Federico García Lorca
Han vuelto…
Las frías noches en vela,
los miedos que van y vienen.
Las oscuras golondrinas ya ni siquiera se pasan por aquí.
Me temo que vuelvo a escribir.
los miedos que van y vienen.
Las oscuras golondrinas ya ni siquiera se pasan por aquí.
Me temo que vuelvo a escribir.
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