sábado, 13 de julio de 2013

Sobre la revolución y cambiar el mundo

Cuando un joven habla de revolución, parece que está hablando de una idea inmadura, de algo pasajero, como si fuera algo que no dijese intencionadamente, sino que lo dijese porque es lo típico de la edad. Y por otra parte, si un anciano habla de revolución parecerá otro loco más, y cuidado, que si dice que le hagamos caso nos parece que está todavía más insano.

Parece que cuando uno se hace mayor, pierde la esperanza por cambiar el mundo, como si se rindiera ante la vida, o peor aún, como si perdiera ese afán revolucionario que tenía de joven por una maldición de la vida.

Pero un momento, los jóvenes tenemos energía. Somos los nuevos, los que tenemos fuerza y espíritu crítico para impulsar el mundo hacia adelante. Aún la vida no se ha encargado de ahogar nuestros sueños, todavía no nos vemos en la obligación de callarnos porque no nos queda más remedio.

Espero que a estas alturas de la entrada no haya nadie que piense "vaya, otro niñato iluso", aunque qué coño, motivos le estoy dando.

Vivimos tiempos oscuros, ahora estamos empezando a reventar la burbuja del país de la gominola en el que vivíamos antes. Muchos dirán que eran tiempos mejores, a lo que vendrá Platón desde dondequiera que esté y dirá que salgamos de la caverna.

Pues bien, estando como están las cosas he llegado a la conclusión de que hay que cambiar el mundo. ¡Cambiar el mundo, vaya novedad!

Pero, ¿cambiar el mundo cómo?, y yo, después de mucho pensarlo creo que tengo una posible respuesta, pero prefiero que sea otra persona muy conocida quien la diga:

"Se el cambio que quieras ver en el mundo" - Gandhi
Creo que no hay otra posible salida. La empatía es la clave, que por cierto, gracias a Fernando Savater por la idea.

¿Quién no vivido una situación en la que ha puesto a parir a otra persona? Por ejemplo, cuando vamos por la calle y vemos a alguien tirar un papel, o cuando vemos a dos personas discutiendo, o sencillamente cuando vemos en los demás algo que no nos gusta. Pero luego, si lo pensamos dos veces, seguro que nos damos cuenta de que nosotros también hemos hecho algo del estilo, algo que si la otra persona hubiera visto en nosotros nos pudiera haber reprochado.

Ponerse en el lugar del otro y no hacer lo que a uno mismo no le gustaría que le hicieran. Pero esto es sólo la punta del iceberg, queda mucho que decir.

Bien, ahora que ya he argumentado que tengo un mínimo de fundamento sobre mis intenciones revolucionarias, me toca hacer una declaración de intenciones.

A día de hoy, me siento portador de la fuerza de mi juventud, un don que no creo que dure mucho. Y por eso, quiero (y debo) cambiar el mundo. O mejor dicho: quiero aportar mi granito de arena para mejorar el mundo en el que vivo, quiero mejorar el mundo por encima de mis posibilidades. ;)

Un mundo mejor tiene que ser posible, y aunque no exista, me veo obligado a luchar por él. El tiempo dirá si la lucha ha merecido la pena, a día de hoy, ya lo ha hecho, con grandes hazañas en la historia de grandes personas.

Sería absurdo pensar que una única persona sea capaz de revolucionar el mundo, y por eso, no quiero pretender ser un predicador o un evangelista que pretenda traer del futuro o de un universo paralelo la solución a nuestro mundo.

Mi compromiso es sencillo: mejorar el mundo, sea como sea. Y señores, no se piensen que va a ser fácil  quitarme esa idea.

Mi nombre es Chechu y por fin he encontrado mi razón de ser.

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