sábado, 30 de marzo de 2013

"Tacha y empieza de cero, Cantoral"

A mi profesor de matemáticas, porque de no ser por él, seguiría hoy obcecado en el mismo problema,

Cuentan que hace tiempo acudió al taller de un maestro carpintero un joven que quería seguir sus pasos. Este era torpe e inexperto pero al maestro esto no le molestó, todo lo contrario, se sintió feliz de poder contar con la ilusión que sólo un aprendiz puede tener.
El aprendiz trabajaba día a día intentando hacer sus obras cada día mejor, aunque para él lo más importante era la opinión de su maestro, que no solía ser muy positiva.
En una ocasión el aprendiz estaba intentando acabar una mesa que necesitaba para su propia casa,  pero justo cuando estaba a punto de acabarla se dio cuenta de que se le había rajado por debajo, y como no sabía cómo solucionarlo acudió al experto:
-Disculpe, maestro.
-¿Sí?
-Verá, he estado intentando acabar un mueble, pero se me ha roto, no sé cómo. Quizá lo haya hecho mal o quizá haya hecho algo que no debiera.
El maestro decidió ojear el trabajo de su discípulo, pero sólo dijo:
-Bah, esto no te va a llevar a ningún sitio, tírala y empieza de nuevo.
El aprendiz se sintió muy dolido porque había puesto mucho empeño en su mesa y no quería tirarla como si su esfuerzo hubiera sido en vano, pero sabiendo que estaba allí gracias a su maestro, tiró la mesa y comenzó otra.
Justo a punto de acabar la segunda, volvió a rajarse.
-¿¡Pero qué hago mal!?, no es posible que me pase lo mismo dos veces
-Tírala.
Y así la escena volvió a repetirse, y para colmo, incluso al tercer intento, la mesa también se rompió.
El aprendiz se sintió derrotado, ¿cómo es posible que le ocurriera tres veces lo mismo, incluso creyendo que lo estaba haciendo bien?. Desesperó y en un acto derrotista, decidió hablar con su superior:
-Maestro, disculpe, pero creo que no sirvo para esto. Llevo tres intentos y no puedo hacer nada más, no se me ocurre nada, creo que sencillamente nunca sabré construir nada.
-¿Así abandonas, tan fácil?
-He seguido su consejo tres veces y no me ha servido de nada, ni siquiera sé por qué fallo, y usted tampoco me lo ha dicho.
-Claro, esperaba que tú mismo te dieras cuenta.
-Pero supuse que usted me ayudaría.
-¿No te parece suficiente ayuda aconsejarte empezar de nuevo? Hay personas que cuando tienen un problema se estancan en él, pensando que no hay vida más allá de ese problema. Que el problema no tiene solución aparente ni real y pasan de tratar de solucionar el problema a tratar de convivir con una falsa ilusión que los desespera, que no les permite seguir adelante porque el mismo problema les ciega incluso la visión del futuro.
-Comprendo. Pero puedo empezar de nuevo, sí, pero el problema seguirá ocurriendo.
-Empezar de cero no implica olvidar todo lo aprendido, esperaba que te dieras cuenta.
-Bueno…
-No desesperes, hoy es una mesa pero mañana puede ser tu felicidad misma. Nunca te obceques en un problema, quizá la solución que le plantees no es la apropiada así que conserva la cabeza fría y esfuérzate por solucionar el problema, que aunque pueda ser incluso más duro que resignarse frente al problema,  te permitirá no volver a tener ese mismo problema.
-Comprendo, maestro, muchísimas gracias.
-Oye, por si te interesa, aprietas demasiado los tornillos…

Y así, pasaron los años y el maestro murió. El aprendiz pasó a ser maestro y siempre les decía lo mismo a sus discípulos cuando estos no encontraban solución a sus problemas:
«Conservad la cabeza fría y cuando tengáis un problema, no os obcequéis y empezad de nuevo.»
El entonces aprendiz se convirtió en un famosísimo maestro artesano, especializado –irónicamente– en la fabricación de mesas, creando unas mesas conocidas mundialmente por su belleza y calidad en el mundo entero.

¿Qué hubiera sido del nuevo maestro si no hubiera empezado de nuevo su mesa rota?

No hay comentarios:

Publicar un comentario